Hace casi dos años, el mundo de las letras hispanoamericanas tuvo que despedirse de una de sus grandes voces con la muerte inesperada del crítico, poeta y ensayista Saúl Yurkievich.
Yurkievich nació en La Plata, Argentina, en 1931. Desde los años 60 vivía en Francia, entre París, donde trabajaba como catedrático en la Universidad de París-VIII, y una casa de verano en Saignon en el sur del país. Fue profesor invitado en las universidades de Maryland, Connecticut, Pittsburg, Columbia y Johns Hopkins en EE.UU. Hacía unos años se había jubilado de supuesto académico en París, para dedicarse a su poesía y a proyectos de edición. Sus ensayos sobre poesía vanguardista le ganaron un estima especial; estos estudios eran lectura obligatoria de estudiantes y colegas. Es particularmente conocido como especialista en Julio Cortázar, y fue nombrado, junto con su esposa Gladys, albacea literaria de su obra. Estaban terminando con Gladys una edición de varios volúmenes de las obras completas de Cortázar. Su trágico accidente automovilístico en el sur de Francia, en el verano de 2005, recuerda demasiado el cuento fantástico cortazariano “Autopista del Sur”.
Yo tuve la suerte de conocerlo a Saúl en Nueva Cork en 1980, al final de mis estudios de bachillerato. Tanto me impresionó este primer encuentro que fui a estudiar con él en París. Durante dos años maravillosos, Saúl me inició en las bibliotecas, salas de exposición y trayectorias académicas de la ciudad. Una tarde, después de su seminario de posgrado sobre poesía, nos llevó al Collège de France donde asistimos a una conferencia de Borges. Verdadero intelectual y mentor inspirador, como profesor nos enseñó, más que estrategias de interpretación, métodos profundos de lectura. Tampoco dejó de lado la dimensión humana.
Me reuní con Saúl varias veces en la costa este de EE.UU. en esos últimos años mientras él estaba de paso o de profesor visitante. Alguna vez comimos con él y Gladis en un café en Nueva York y comentamos la exposición sobre Brasil del museo Guggenheim. Para lo que iba a ser nuestro último encuentro, lo habíamos invitado a dar una conferencia en mi universidad, en 2003. Llegaba después de un homenaje que le habían preparado en mi universidad, en 2003. Llegaba después de un homenaje que le habían preparado en Brown University, feliz luego de haber sido merecidamente festejado. En esa temporada se dedicaba mucho a su propia poesía y había publicado dos volúmenes traducidos al inglés. En vez de hablar de Cortázar o de Vallejo, sus grandes temas, nos comentó su proceso de creación poética y nos leyó algunos poemas. Lo escuchábamos desde la felicidad de ese espacio creativo.
Durante un reencuentro en París, en 2001,Saúl me regaló un ejemplar de su poemario De plenos y de vanos, con la siguiente dedicatoria:
“A Marcy, mi palabra encrucijada de los mil caminos; en algunos vamos juntos”.
Para mí es una suerte inestimable que así haya sido. Quisiera compartir un fragmento de uno de sus poemas haya, para seguir encrucijándonos, ya no por caminos pero si por palabras.
Soy un escritor deleznable
pienso en la literatura
soy un pequeño burgués
las directivas
no puedo obedecer
lo intento pero me salen
esos diablos traviesos
y pierdo la seriedad
quiero cantar al pueblo
pero me entrampan fantasmagorías
me desbaratan
no puedo ser marcial
las palabras se ponen a piruetear
me sacan la lengua malditas
me tiran de las orejas
me desafían me disuaden me desvían
y termino por seguirlas
en sus contorsiones y cabriolas
qué mezquindad
no puedo ser épico
cuando pretendo exaltar
la guerra de liberación
siempre me aparto del tema
tentado por las quimeras
por voluptuosas que se desperezan
y me hacen señas
mientras paso montado en pez martillo
por personajes estrafalarios
que suenan sus caracolas
por nubes petrificadas
por vellosas rocas que amamantan
a sus velludos cachorros
por combates contra armatostes llameantes
por mascaradas
que se multiplican
deambulando incesantes
por espejados laberintos
como ven no tengo cura
siempre me descamino
cuando debo condenar las lacras
del régimen abolido
me traban los sonsonetes
dimes estribillos diretes
coplas nanas refranes retornelos
que rondan bailando al tuntún
me enredan estorban atascan
el camino del deber
qué voy a hacer
soy un caso perdido
escribo cosas inútiles
en vez de colaborar fantaseo
no merezco consideración
para elogiar no sirvo
condeno sin convicción
distraigo divierto complico
las verdades
de la revolución
no es tiempo de jugueteos
camarada comisario
de escritor a escribiente
pido que me degraden
en una oficina oscura
de cualquier ministerio
llenaré sobre ajados escritorios
las planillas de gastos
no merezco publicar
guardaré mis manuscritos
en una lata de té
donde hay un cerezo en flor
un jardín de senderos
que se bifurcan
un volcán nevado
y un templo
con escalonados tejados
cuentan que allí cierto día
Es profesora de literatura hispanoamericana y directora académica del programa de Estudios latinoamericanos en Rutgers university, New Jersey, USA. Autora de Writing París: Urban topographies of Desire in Contemporary Latin american Ficcion.