NOSOTROS, EL PUEBLO

Tomás Saraví

Los últimos cinco años pasarán a la historia como el momento de despegue de Costa Rica, de la “verdadera” Costa Rica, la que día a día construye y defiende una sociedad justa, un país soberano, frente al bando que ha asumido la causa neoliberal y pretende “venderse” al mejor postor, al mundo siniestro de las transnacionales y el imperialismo estadounidense.

Los primeros vestigios de nuestra rebelión fueron los actos callejeros, convocados por el Centro de Amigos para la Paz, que encauzaron la indignación popular (en el 2003) contra las invasiones a Afganistán e Irak, bajo el mando del fraudulento presidente de Estados Unidos, Bush. El presidente tico de turno apoyó a Bush y puso a Costa Rica en la lista de quienes asesinaban a los pueblos invadidos; el pueblo costarricense logró que la Corte Suprema de Justicia intimara a Pacheco a “borrarnos” de esa lista ignominiosa. Pero el pueblo ya estaba en marcha. Ya no se detendría. Y fue el pueblo que impidió que se instalara en nuestro país una Escuela de Policía estadounidense.

Ya en el 2004, estaba declarada la guerra al TLC, que ha signado estos últimos tiempos. Correspondió a la comunidad indígena Bri-Bri, en un cabildo popular, mediante el Manifiesto de Talamanca, el honor de iniciar esa serie de cabildos abiertos que se opusieron con energía al vergonzoso Tratado. Siguieron casi de inmediato la Declaración de Siquirres, el Manifiesto de Guácimo y otros, que ponían de manifiesto la rotunda negativa de nuestro pueblo a que se concretara la entrega del país. Como lo señalé claramente en mi programa Hacia un Nuevo País, transmitido todos los días por Radio Costa Rica en aquella época: estábamos difundiendo una serie de documentos que pasaban a la historia sin ser publicados por los grandes medios de comunicación.

Ya estaba planteada la lucha sin cuartel contra el “tratado sin alma”. Cualquiera que sea el rumbo que siga esta contienda, sabemos que éste no es un punto de llegada, sino de partida. El mundo entero, y sobre todo los hermanos países latinoamericanos, han comprendido claramente el papel asumido por Costa Rica: guerra sin cuartel a las maniobras de Bush y las transnacionales, y a las oligarquías empresariales y latifundistas de nuestra Patria Grande.

Ahora comienza la lucha final: debe citarse a una asamblea nacional constituyente, con urgencia, para dilucidar en primer término todo lo referente a la clarificación jurídica de nuestra territorialidad, en consonancia con la prédica clara y valiente del oceanógrafo Guillermo Quirós (a quien el pueblo, con su natural rapidez y perspicacia, ya conoce como “El Sabio”).

Porque la lucha –insistimos– no finaliza aquí. Ahora debemos armarnos de sabiduría, paciencia y energía. Debemos tener claro que los modos de producción, convenios de todo tipo y, básicamente, la conducta de las trasnacionales y sus aliados locales (presidente que no puede ser presidente, según lo que determina la Constitución Política, ministro que no puede ser ministro por su parentesco con el presidente; una Corte y Sala Constitucional con ataduras políticas con el gobierno de turno; un vicepresidente y otros funcionarios que propalan planes siniestros, de claro contenido fascista y totalitario), deben ser enfrentados por un pueblo valiente y digno.

Felizmente, ya hemos aprendido la lección: en Costa Rica, la ciencia, la técnica y la cultura, están en manos del pueblo. Y también lo está el futuro, el proyecto nacional. Los Comités Patrióticos tienen la palabra.

¿SOMOS LATINOAMERICANOS?

TOMÁS SARAVÍ

¿Somos realmente latinoamericanos? Esta es la pregunta que en muchos países del continente se formulan algunos sectores (y Costa Rica no es una excepción). Esto pone de manifiesto una realidad indudable: a pesar del papel decisivo que en nuestra Patria Grande desempeña el pueblo (basta recorrer la historia unos minutos), la deformación ideológica generada por siglos de sujeción a los imperialismos español y portugués y, posteriormente, a los imperialismos británico y estadounidense, ha provocado un desvanecimiento de nuestra conciencia histórica.

Debemos agregar, a las causas de esa “inconsciencia” histórica, el papel que ha desempeñado –y desempeña– la fuerte ofensiva del neoliberalismo y el imperialismo de las transnacionales, que encubre una ideología dominante poderosísima: un lavado de cerebros que costará mucho atenuar.

Algunos ejes históricos que no deben olvidarse

Nuestra historia está jalonada por luchas populares y momentos notables que en todo momento debemos recordar: en primer lugar, las guerras por la independencia, durante el siglo XIX, que terminaron con el imperialismo español, y después entre otros, la Revolución Mexicana, el acceso al poder del primer peronismo, los movimientos nacionalistas revolucionarios en Bolivia, el gobierno socialista de Allende en Chile, la Revolución Cubana. Y, frente a la extensa lista de ofensivas militares gringas, la revuelta de los pueblos agredidos (en Guatemala, Dominicana, Granada, Panamá) para no mencionar sino algunos de esos atropellos. En todos los casos, fue una lucha del pueblo contra los clásicos opresores que buscaban oro, plata, cobre, materias primas, y deseaban adueñarse de nuestros países. No lograron sus propósitos, al menos en términos de apoderamiento físico de nuestras patrias.

¿Puede un país perder su autoestima?

Lamentablemente, parece que los países, como las personas, pueden perder su autoestima. Todo hace suponer, con más razón, que pueden perder su preocupación por la situación de sus propios vecinos. El orgullo, la autovalorización, se deterioran a causa de insistentes mensajes (como sabemos, muchas veces subliminales) de los medios de comunicación. Y, con ello, se eclipsa el deseo de luchar y transmitir a otros los resultados de esas luchas.

Un ejemplo aclarará lo que decimos: las luchas populares contra el Tratado de libre comercio, en Costa Rica han alcanzado un nivel de movilización, jerarquía y difusión interna como pocas veces se ha visto en nuestros países. ¿Las organizaciones que participan en ellas, o su coordinación, están haciendo un esfuerzo para que se conozcan en todo el mundo, en especial en América Latina? Creemos que esto no se está haciendo (y estamos a tiempo para concretar una buena campaña en este sentido). Esta batalla político-ideológica tiene particular importancia para toda la patria Grande y los países No Alineados.

Esa sería una manera eficaz de “conectarnos” con los pueblos latinoamericanos.

Por nuestra parte, nosotros debemos “estar al día” con todo lo que sucede en los países hermanos. Debemos apoyar las luchas del pueblo boliviano por el rescate de los productos de su subsuelo y frente a las oligarquías pro-imperialistas que pretenden dividir ese país. Debemos estar al tanto de las reformas sociales que existen en Venezuela, de los esfuerzos de Lula por enfrentar enérgicamente la pobreza en su país en su segundo período de gobierno, de las luchas de Kirchner contra los brotes neofascistas en su país.

El gran tema más allá de enfrentar los intentos imperialistas del “sistema de las transnacionales” es prepararnos para la “desconexión” de ese sistema inhumano. Creemos que la desconexión es posible (y necesaria). Volveremos sobre este tema.

Investigador, narrador, poeta, editor.
Su novela Tiempo de Lobos apareció recientemente bajo el sello Ediciones Andrómeda.